Apología de la humanidad

Apología de la humanidad
La Voz de Galicia. 23/11/2010

 

El presidente del Tribunal Supremo retrató en el Colexio Maior Arosa el momento que está viviendo la Justicia

«Los jueces en España son buenos, competentes y profesionales, pero no pueden más». Así se expresaba ayer en el Colexio Maior Arosa el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, que puso el ejemplo de que, como media, un juez de Madrid tiene que abordar unos 8.000 casos anuales.

En la parte de su conferencia dedicada a la situación de la Justicia hoy, y ante un auditorio mayoritariamente formado por estudiantes universitarios, Dívar dijo que existen leyes obsoletas y que los medios materiales y humanos son insuficientes. «Poner al día estas leyes, sin embargo -matizó- no es fácil, porque al tratar de ordenar una parte del razonamiento jurídico, se puede perjudicar a otra».

El presidente del TS abogó por «nuevas leyes y nuevos procedimientos» y mostró su confianza en que funcione el plan de modernización que está llevando a cabo el Consejo General del Poder Judicial. En la primera parte de su intervención habló de una crisis «que pasa muy lentamente y que es consecuencia de todas: la de los valores, la del espíritu, la de la indiferencia entre lo subjetivo y lo objetivo». A modo de retrato ante los jóvenes de las condiciones que debe reunir un juez, el conferenciante señaló la sabiduría, el orden y la razón. Y parafraseó a Jacinto Benavente al afirmar que, cuando a la Justicia no se la sienta en su sitio, muchas veces el odio y la venganza ocupan su lugar.

División de poderes

Apelando a su experiencia personal de 42 años como juez, incidió en la «humanidad» que tiene que tener la Justicia, «los jueces tenemos que ser humanos y eso también significa sufrir y llorar». Para Carlos Dívar, el Estado de Derecho requiere indefectiblemente una clara división de poderes que, sin embargo, dijo, «en la práctica, no es posible». El presidente indicó que, de una u otra manera, «se influye porque los jueces son custodios de la norma, no autores de las leyes», si bien a renglón seguido fue categórico al afirmar que los jueces administran Justicia «con las leyes que les gustan y con las que no». Defendió además una interrelación entre los tres poderes, si bien quiso dejar claro que «la colaboración no es lo mismo que la subordinación». Percibir con claridad y exactitud, juzgar con verdad y discurrir con rigor son, según el presidente, tres dotes que debe tener un pensador, también un profesional.

Cuando, desde el auditorio, se le planteó a Dívar cuál debería de ser la actitud de un juez ante leyes «manifiestamente injustas», el presidente respondió que el juez debe mirar a la Ley y mirar a su conciencia. «Si hubiera conflicto entre Ley y conciencia, procuraría marcharme y, si no puedo aplicar una ley con conciencia, se lo dejaría a otro». Y añadió: «Un juez tiene que tener en cuenta el ordenamiento jurídico, le guste o no; si no puede, que lo deje».

Lejos de ver un problema en las posibles «injerencias» del poder Ejecutivo en el Judicial, Carlos Dívar señaló, en base a su experiencia, «que la interferencia más importante que tenemos no es la del poder Ejecutivo, sino la de los medios de comunicación».