ENTREVISTA A LA DIRECTORA DEL CMU

Hoy ha salido publicado en el Correo Gallego una entrevista a la directora del Colegio Mayor.

  1. La primera pregunta es inevitable. ¿El hecho de ser mujer limitó o perjudicó en algún momento sus relaciones laborales o su promoción profesional?

              El ser mujer no me ha limitado ni perjudicado en ningún momento. Ahora dirijo un Colegio Mayor. Y aunque entiendo que en algunos casos el ser mujer laboralmente pueda generar límites, he tenido la suerte de que en mi caso no haya sido así. Dentro de mis objetivos siempre ha estado el de acometer mi trabajo lo mejor que pueda y no por comparación con hombres o mujeres. Estoy contenta con ser mujer y llevo estupendamente los posibles retos con los que me pueda topar por serlo. En otros trabajos he aprendido tanto de hombres como de mujeres. Pienso que nos complementamos y me gusta que sea así. Un cuadro sin contrastes, sin sombras… ¡resultaría tan aburrido! Me parece que una sociedad que no contemple la diversidad quizás sería algo tediosa. Soy una mujer feliz y me ha ido bien encarar lo que la vida me presenta con un cierto conformismo inconformista.

  1. Vivimos épocas de turbulencias en su sector, ¿qué se puede hacer para que el horizonte se despeje?

Más que en mi sector, diría que vivimos en todos los sectores una época complicada, en la que quizás, lo que haya que recuperar es una actitud donde prevalezca el servicio ante el beneficio. Si yo desde mi puesto de trabajo, centro mi capacidad en ser honrada, con un estilo contagioso, alegre y optimista puedo ayudar a otros. Si confío en las residentes -es una realidad que la gente joven necesita ser escuchada y notar que creemos en ellos- y apoyo a sus familias – ¡tantas veces lo necesitan más que el alojamiento que ofrecemos! -, creo que así estoy dando a la sociedad el servicio que espera de los Colegios Mayores.

  1. Casi todas las personas que triunfan se han encontrado en su camino con mentores, profesores, familiares o amigos que han tenido una influencia decisiva en su vida, ¿ha sido su caso?

Sí, son bastantes las personas que me han ayudado, pero no sería capaz de identificar a una en concreto. Quizás porque no ha sido siempre la misma. Diría que tanto en mi familia como entre mis amigos es donde he encontrado ese apoyo cuando lo he necesitado. Y a esas personas, por su ejemplo, su coherencia, y sobre todo por el apoyo que me han demostrado en todo momento, les estoy especialmente agradecida.

  1. ¿La vocación por los estudios o el trabajo ha surgido desde edad temprana o se consolidó cuando tenía formación académica o había vivido experiencias distintas?

Pienso que la vocación por los estudios siempre me ha acompañado. Y así, poco a poco, es como fui adquiriendo esos buenos hábitos que me han facilitado hacer con ilusión mi trabajo diario. Una vocación por los estudios que ha ido tomando carices distintos: estudié Filosofía y los primeros años los dediqué a la enseñanza. Sin embargo -siempre he mantenido gran afinidad hacia lo artístico-, poco a poco me fui empleando más en tareas de creatividad y diseño, haciéndolas compatibles con la dirección de equipos. Y eso es lo que realmente se ha mantenido en mi vida profesional: la formación, el asesoramiento de personas y la gestión de proyectos.

  1. ¿Qué concepto tiene del papel de la familia en los variados aspectos de su vida?

Por destacar uno de los aspectos que más han influido en mi vida y que claramente lo he recibido en el ámbito familiar es que en mi casa todo se resuelve con una dosis de buen humor. Mi padre era un experto en solucionar las situaciones tensas con un golpe de sentido del humor. Ante una pataleta, un revés que no esperabas… conseguía con una frase graciosa, una mueca, una pequeña imitación, arrancarte una sonrisa. Esa chispa de humor era suficiente para no perder la perspectiva y dimensionar correctamente el problema ocurrido. Una escuela de buen humor que tanto me ha ayudado a saber encarar el día a día con talante optimista y esperanzador.

  1. ¿Puede describir cuál es el día a día de sus actividades y cuáles los obstáculos que debe superar en el desarrollo de su trabajo?

El día a día de mis actividades es la combinación perfecta entre un bloque de gestiones habituales que tienen que ver con el funcionamiento del Colegio Mayor y otro, mucho más rico, en el que entra en juego el factor sorpresa: una familia que aparece para visitar el Colegio, un pulso con unas cuantas residentes que negocian retrasar la hora de entrada nocturna o asesorar a una estudiante para planificar sus estudios.

Y si a eso añadimos el plus más importante de mi jornada -la dedicación a la formación universitaria- ya tenemos un pantallazo de lo que es un día de la directora de Arosa. Formación universitaria que alguna vez he asemejado a la magia de un mago tradicional. Que al igual que introduce distintos elementos en su chistera, le da un par de toques y en unos segundos…  aquel pañuelo se convierte en un par de palomas blancas que buscan la altura. La labor de excelencia académica que aporta un Colegio Mayor como el que dirijo, trata también de transformar a cada una de las residentes en una de esas “personas” llenas de valores a las que se las anima a que vuelen alto, sueñen y pongan grandes dosis de pasión en todo lo que hagan, sorteando dificultades.

Se trata de ayudarles a vivir la universidad en su plenitud. Una labor formativa y a la vez “mágica” ya que nunca se sabe lo que ayudó en concreto a cada residente. Pero es una tarea que no se improvisa. Cada día dedico gran parte de mi tiempo a estudiar el modo de acometerla. Un día es programar una conferencia, otro diseñar una acción de voluntariado o algo recreativo… Trabajo que no realizo sola sino con un equipo directivo del que formo parte y donde nos batimos el cobre para acertar y conectar con un mundo universitario en continuo cambio.

  1. ¿Se puede conciliar la vida personal con la laboral?

Pienso que uno consigue lo que se propone. Todo depende del nivel de importancia que le demos a cada cosa y del orden con que lo gestionemos. Pero en mi caso tengo la suerte de vivir una identificación casi total entre mi vida personal y mi jornada laboral. Ya que esta labor de dirección y formación del Colegio Mayor la realizo mientras convivo con las residentes. De manera que una de las mejores herramientas con las que cuento para transmitir valores es justo la vida misma, el ejemplo. Y en ese roce diario es donde se trata de hacerles ver que ayuda más una sonrisa que una cara larga, que un detalle de servicio en un momento en que uno lo necesita nunca se olvida, y así tantas cosas…

  1. ¿Qué es lo que más le preocupa de nuestra sociedad?

Ahora mismo me preocupa que seamos capaces de vivir en nuestra sociedad entre grandes paradojas, lo que provoca que la juventud crezca sin referentes claros. Tenemos una preocupación desorbitada por la defensa de nuestra libertad y en cambio nos hacemos dueños hasta de vidas ajenas a las que damos o no paso según nuestro capricho. O en la balanza de nuestras decisiones parece que prima por encima de todo, nuestra manera subjetiva de diseñar la verdad y en cambio, después al afrontar los sufrimientos que conlleva la vida misma, ese yo se desvanece y se muestra con grandes inseguridades. Faltan ideas claras y referentes seguros.

También me preocupa -imagino que por estar en continuo contacto con gente joven- las consecuencias que sufren los jóvenes al crecer en un mundo excesivamente “virtualizado”. Sin quitar ninguna ventaja a todos los beneficios que las redes aportan, me da pena comprobar lo mal parada que ha salido la amistad a este cambio.

Compruebo tantas veces que el tener como intermediarios a Facebook, WhatsAap, etc. en las relaciones personales aporta muy poco. Es fácil perder con ellas la dimensión bonita de la amistad, del tu a tu, de las verdaderas confidencias… lo que se sustituye por un agregar “amigos” sin control, mandar mensajes con poca carga humana. Es un déficit que claramente pasa factura porque nos lleva a centrar el día a día en el interactuar de una manera no del todo sensata más que en vivenciar el amor. Y pienso que no estamos diseñados para producir sino para compartir, para querer, para dialogar, para abrirnos.

  1. ¿Cuáles son los pilares de la existencia, entendiendo con este término los valores que considera esenciales para sentirse en paz con uno mismo?

No tengo la poción mágica… ¡Ya me gustaría! Quizás el primero que señalaría sería una sana autoestima que nos ayude a ser nuestros mejores amigos y que eso nos lleve a aplaudirnos en nuestros aciertos y desaciertos. También de los desaciertos se sacan grandes beneficios y es vital el vivirlos para saber empatizar con nuestros amigos. En una sociedad que aspira siempre a la perfección sin dejar casi margen al error -muchas veces pienso que tanta legislación nos ahoga y hay poco espacio para la genialidad- es importante no convertirnos en autómatas, sino intentar poner ese plus personal, específico, que nos hace sentirnos a gusto con nuestra pequeña aportación.

La autenticidad seria otro valor a destacar, para ser cada uno lo que realmente es sin máscaras que nos lleven a aparentar lo que no somos. Aunque quizás esto esté muy unido a la autoestima porque en la medida en que estoy contenta conmigo misma me presento frente a los demás con mayor transparencia.

Y quizás, por último, el saber moverse con valores espirituales que nos lleven a encontrar siempre una tercera o una cuarta dimensión para volar por encima de una visión plana. Nutrir la inteligencia espiritual.

  1. ¿Qué porvenir cree que aguarda a los jóvenes que hoy se enfrentan a un mundo competitivo y tecnológicamente muchísimo más desarrollado?

Un porvenir muy esperanzador, pero en el que veo importante no descuidar el cultivo de lo que se refiere a la persona, a la familia, a las amistades dotando a esos ámbitos de la vida un espacio generoso. Al fin y al cabo, no somos máquinas sino personas.

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