Sesión con una magistrada juez de instrucción del Juzgado nº 2 de Santiago de Compostela

La Magistrada Margarita Guillén comenzó la sesión presentándose y explicando la función de un juez instructor. Para todas fue una gran sorpresa conocer que un juez instructor nunca juzga un caso que haya investigado porque no sería objetivo ya que en el proceso de recopilación de pruebas sin pretenderlo ya vas juzgando al presunto culpable y no sería un juicio con todas las garantías. Si que nos contó que juzgan delitos menores, aquellos en los que no hay instrucción previa porque no es necesaria.

Un poco de historia…

            La Magistrada Guillén empezó haciendo un breve repaso histórico de cómo había ido evolucionado esta prueba tanto a nivel científico como en el mundo judicial.

            La primera vez que se utilizó como prueba una muestra de ADN fue en 1989.  Hacía poco menos de cuatro años que el doctor Alec Jeffreys había bautizado su descubrimiento como “Fingerprinting” o “Huella digital”. Este término que en un principio parecía el más acertado ya que se pensaba que el ADN era como la huella digital, algo único, exclusivo de cada persona y que serviría para identificarnos individualmente,  con el paso del tiempo se vio que era mucho más que eso. El ADN contiene muchísima información sobre nosotros mismos. No sólo revela la identidad sino que proporciona datos acerca de la raza, la complexión, las facciones de la cara, las enfermedades con alta predisposición a padecer… Realmente es como un libro abierto de cómo es y no sólo quién es cada persona.

            En los primeros años de su uso la prueba del ADN era muy rudimentaria, se necesitaba que la muestra recogida estuviese en buen estado, que no estuviese contaminada… y los datos que se obtenían eran los mínimos, lo que hacían era sólo identificar a la persona que tenía ese ADN.

            Actualmente, la muestra, el vestigio biológico puede proceder de cualquier parte del cuerpo: pelo, piel, saliva… y se puede obtener de cualquier sitio: una colilla, un vaso, un cepillo de dientes… Pero lo más interesante es que la información que nos da es cada vez mayor, pudiendo incluso llegar a rebelar parentescos.

Cómo es la legislación en España

            En España no es obligatorio someterse a la prueba de ADN salvo en casos de delitos graves que son aquellos cuyas penas de cárcel son mayores  a los  cinco años.

            A lo largo de estos años la legislación ha ido cambiando, adaptándose en función de los problemas, controversias que se han ido generando en diferentes casos. El mayor problema de la prueba de ADN es que no sólo rebela datos identificativos sino que la información que obtienes hace que el derecho a la intimidad de cada individuo quede vulnerado. Esto es lo que hace difícil llegar a un consenso a la hora de legislar sobre esta prueba.

            Uno de los temas que está sobre la mesa es la conveniencia o no de crear un registro con el ADN de cada persona.

            A lo largo de su exposición la magistrada mencionó diferentes casos judiciales conocidos por la opinión pública, como el de O.J. Simpsons donde la prueba del ADN jugó un papel determinante a la hora de emitir un veredicto.

            Fue emocionante cuando nos relató como gracias a la prueba del ADN dos personas que en España habían sido condenadas y estaban cumpliendo su condena en la cárcel pudieron ser puestas en libertad al demostrarse su inocencia al encontrar a los verdaderos culpables.

            En la rueda de preguntas hubo cuestiones muy variadas: desde cómo se almacenan las pruebas de un delito, cuántos años deben ser conservadas, la importancia de no alterar la escena de un delito, hasta el tiempo que puede durar una instrucción.

            Doña Margarita Guillén se despidió agradeciéndonos la atención e invitándonos a asistir a un juicio, ya que son públicos y considera importante que como ciudadanos conozcamos cómo se desarrollan.

SESIÓN CON MARGA GUILLÉN
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